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Travesía Ibérica: Extremadura - AlgarvePortugal | Extremadura - Algarve | 2009-08-03
Si bien Portugal se ve pequeño en el mapa, es un país inmenso. Obvio que en los mapas todo se observa pequeño, alcanzable, recorrible... Pero no me refiero a eso. Digo inmenso porque tiene mucho para dar, no sólo en cuanto a la cuestión geográfica, paisajística, sino más bien y por sobre todo, al aspecto humano que tienen los viajes. No puedo decir que en algún país la haya pasado mal, ya que hasta en Honduras que me tocó el único atraco en mis viajes, hubo gente que supo comensar la balanza con su bondad. Pero, en esta oportunidad, la forma de ser, la apertura, la cordialidad, me han hecho recordar a las sensaciones vividas con la gente en El Salvador. No se trata simplemente si la gente te ayuda cuando se lo pides, es quizá ese detalle que tienen al verte viajero, y se acercan y te preguntan dónde vas, qué haces, incluso los policías que me detuvieron al cruzar ilícitamente el puente que une Lisboa con la región sur, ellos mismo luego de reirse por mi indisciplina, me preguntaron si tenía alguna promesa para hacer este viaje, y luego me desearon suerte, "buena pedalada!". Una mañana, luego de poco de comenzar a andar, en una cuesta me alcanzó un ciclista: terminó siendo Jorge, de Setubal, quien tenía de profesión peluquero, y todas los días hacía sus 40 kms. en la bici, para llegar a su negocio, pero más que su profesión, su pasión eran las montañas, y como dificil le queda vivirlas todo el tiempo, al menos usa la bici todos los días. Cuestión que me alcanzó en la cuesta, me comentó de un atajo, lo hicimos juntos entre viñedos, llegamos a la ciudad y también tuvo la gentileza de convidarme con un café en un antiquísimo bar, derroído por el tiempo, donde el señor que lo llevaba, entre otras cosas contaba con pinturas de marineros (parece que altamente cotizadas) y otras figuras ilustres de esas que pasan por la vida sin hacer mucho ruido, pero que dejan huella fuerte en quienes tuvieron oportunidad de conocerles, seguramente de pié, a la vera de una barra, o tal vez en la plática amena, en una mesa de bar... La verdad que los viajes siempre terminan siendo eso: un montón de paisajes, eso si, algunos más maravillosos que otros, pero más que nada, decenas de experiencias, gente que ayuda, que orienta, que apoya sin saberlo, que alienta sin imaginarlo... Así como esta gente, hubo mucha más que otra vez, han aportado su granito de arena para que la bici no sea sólo eso, y el viaje sea mucho más que conocer nuevos sitios... Portugal tiene un encanto especial, que va mucho más allá de su excelente gastronomía (ya les puse una foto del bacalhau asado), sus impresionantes acantilados a lo largo de toda la costa, y los detalles pintorescos de las antiguas ciudades... Ese encanto lo brinda la combinación de su gente, esos paisajes, y más que nada la apertura conque reciben a todo el mundo.. Y ahora, justo que voy terminando el relato, me doy cuenta que se me pasaba por alto, una tarde, luego de más de 10 kms. de andar, estaba en medio del camino, lejos de pueblos y sin ganas de continuar por el cansancio acumulado. El sol ya se iba poniendo y de pronto veo una casita, en una finca, no muy delante... Ahí mismo aparqué la bici (la entrada a la finca estaba a unos 200 metros de la entrada) y poco a poco fui entrando, a la vez que hacía movimientos con los brazos, cuestión que no se asusten al ver entrar a un forastero sucio, desprolijo y abarrotado de sudor, incluída la barba desaliñada de los últimos 10 días. Lo único que quería era pedirles permiso para armar la tienda de camapaña en los alrededores de la finca y un poco de agua para comer las galletas y plátanos que me quedaban como cena. Todo terminó en que eran aficionados del Benfica, donde ahora juegan Aymar y Saviola, así que no sólo me pegué una ducha a pleno manguerazo en el jardín, sino que me invitaron a comer y ver el partido que jugaba el Benfica contra el Milán de Italia. La verdad fue un grupo de gente estupenda, la única pena es que a la hora que salí con al bici aún no se habían levantado, por ende no pude despedirme y volver a agradecer lo mucho que me dieron... |
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